La culminación de un año siempre tiene un sabor agridulce.
Las experiencias que viviste durante los últimos 365 días pasan a un segundo plano en tu memoria y te toca hacer espacio para todas las nuevas que vienen.
Para mí, los años nuevos siempre han sido un alivio. Alivio porque vienen con la energía de «un borrón y cuenta nueva», un «lo que no se logró este año, lo vemos con calma en el que viene», pero sobre todo: un nuevo comienzo.
Culminar el 2025 me emociona un poquito más que los años anteriores porque estoy conectada con mi gratitud en un nivel espiritual que no tuve antes. Agradecida por lo que tengo y lo que dejé ir, por lo que aprendí y desaprendí, y por todas las veces que no creí que lo lograría, pero lo hice de todas formas.
Lo que más me emociona es saber que la pequeña versión de mí, estaría orgullosa de todo lo que he logrado y porque estoy segura de que esta segunda mitad de mis 20s sólo ha sido un indicativo de lo espectacular que van a estar mis 30s.
Entendemos la belleza de la vida cuando nos damos cuenta de que podemos hacer lo que nos dé la gana. Al fin y al cabo, somos autores de nuestro destino y la dirección de tu año nuevo sólo la tienes tú.
Ya sé qué voy a hacer la primera mitad de mi 2026 y el resto lo vamos escribiendo en el camino: 30 antes de 30.
Adiós 2025, lo pasé increíble.
Por un 2026 donde lo pasaré aún mejor.


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